El mayor basurero tecnológico del mundo: Agbogbloshie

El suburbio de Accra capital de la africana República de Ghana, Agbogbloshie es un antiguo humedal, tristemente conocido como destino para la exportación legal e ilegal y el dumping medioambiental de los residuos electrónicos también llamados e-waste, de las naciones industrializadas . A menudo se lo denomina “basurero digital”

Millones de toneladas de residuos electrónicos son arrojados y procesados ​​en Agbogbloshie cada año. En marzo de 2014 es considerado el mayor vertedero de basura electrónica del mundo.

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El suburbio cubre aproximadamente cuatro hectáreas y está situado a orillas de la Laguna Korle, al noroeste de la zona financiera central de Accra. 40.000 ghaneses habitan la zona, la mayoría de los cuales son migrantes de áreas rurales que llegan aquí debido a las falta de oportunidades en su medio.

Por la alta tasa de crimen y las duras condiciones de vida, la zona es conocida como “Sodoma y Gomorra “.

A pesar de que en la década del 2000 el gobierno de Ghana apoyado por préstamos y financiación extranjera (Fondo OPEP para el Desarrollo Internacional, el Banco Árabe para el Desarrollo Económico en África, y el Fondo Kuwaití para el Desarrollo Económico Árabe) ha implementado el Proyecto KLERP (Proyecto de Restauración Ecológica Laguna Korle) que abordará el problema de la contaminación mediante el dragado de la laguna y el canal Odaw para mejorar el drenaje hacia el océano, las preocupaciones sobre la salud y el medio ambiente, aún persisten ya que KLERP se trata de un proyecto necesariamente invasivo que conlleva el desalojo de la zona, lo que encuentra una importante resistencia en la población local que no ve otra forma de ganarse la vida a pesar de las condiciones infrahumanas en las que desarrollan su vida diaria, sobre un terreno absolutamente contaminado por plomo, mercurio, arsénico, dioxinas, furanos y otras sustancias nocivas, respirando aire contaminado debido a la quema de plásticos. La situación de la Laguna Korle es absolutamente lamentable con presencia casi inexistente de oxígeno disuelto en el agua, y abundante presencia de bacterias, mucho más allá de la enorme cantidad de deshechos vertidos en esta.

Antes de la llegada de los residuos electrónicos, el barrio marginal de Agbogbloshie fue una vez un humedal, conocido como Old Fadama o Ayaalolo. Durante la década de los 80, fue un campo de refugiados de la guerra entre los Kokomba y Nanumba. Hacia finales de los 90’s ordenadores de segunda mano funcionales comenzaron a llegar desde Occidente para ayudar a “reducir la brecha digital”. Los Ghaneses recibieron estas donaciones que básicamente reducían el costo de un ordenador a la décima parte del valor de uno nuevo.

El Convenio de Basilea evita los traslados transfronterizos de residuos peligrosos de países desarrollados hacia países menos desarrollados. Sólo tres países, Estados Unidos, Afganistán y Haití , no han ratificado la convención.

A medida que la tasa de rotación de la electrónica en general aumentó, aquello que una vez fue una benevolente donación de computadoras usadas, se corrompió. Piezas de electrónica totalmente desechables comenzaron a ser exportadas a Ghana en cantidades masivas. Para los países occidentales, que tiene estrictas leyes que controlan la eliminación de los desechos electrónicos, es más barato enviar ordenadores obsoletos y dañados a los países en desarrollo bajo el sello de “donación” que reciclar correctamente los componentes electrónicos.

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Cientos de millones de toneladas de residuos electrónicos son importados y vertidos en la zona cada año desde los principales países desarrollados. Piezas y elementos de marcas multinacionales como Philips, Canon, Dell, Microsoft, Nokia, Siemens y Sony se encuentran comúnmente entre los desperdicios. Se calcula que entre el 50% y el 75% de los componentes electrónicos importados no pueden ser recuperados y acaban permaneciendo en la tierra.

Se calcula por estudios realizados, que el 80% de los niños de la zona presentan niveles peligrosos de plomo en sangre. Altos niveles de toxinas también se han descubierto en las muestras del suelo y de los alimentos, ya que estas sustancias químicas permanecen en la cadena alimentaria

Día a día trabajadores sin protección, en su gran mayoría niños de entre unos 11 a 18 años de edad, procesan las “importaciones” en búsqueda de metales, cobre, aluminio y hierro principalmente, para recoger y vender. Para acceder a los metales, los trabajadores queman espuma vieja en la parte superior de la electrónica con el fin de fundir el plástico. También desmantelan los residuos con las manos desnudas y piedras. Imanes de otros aparatos electrónicos son utilizados para recopilar hasta el más pequeño trozo de metal que queda en el proceso. Los materiales restantes se queman o se desechan en las inmediaciones.

Los trabajadores niños o adultos venden los trozos de metal para ganarse la vida. A media bolsa de cobre o aluminio la venderán por unos 700 cedis de Ghana que representan de ocho a diez cedis por día (4-6 USD).

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